Los siete pecados capitales de los cafeteros

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Más allá de los problemas relacionados con la tasa de cambio, con el costo de los insumos y con la competencia internacional, la institución cafetera viene pecando desde hace más de una década en aspectos que recienten la imagen que de ella tienen los cafeteros y el país en general.

1 El café perdió estatus

La Federación Nacional de Cafeteros se encargó de demostrarle al país que el café en Colombia era mucho más que un producto agropecuario, era el producto insigne del país. Los elementos simbólicos del café eran reconocidos socialmente como elementos emblemáticos de nuestra nacionalidad.

Pero, desde finales del siglo pasado, la organización cafetera bajó la intensidad en las campañas que promocionaban el café de Colombia como un producto de alto estatus, como uno de los principales productos de exportación, representante de nuestra nacionalidad y fuente económica importante en el ámbito nacional y local.

El estatus simbólico que había alcanzado el cultivo del café antes de 1991, se perdió. Este intangible debe ser recuperado para que los cafeteros vuelvan a sentirse orgullosos de su actividad.

2 El café perdió relevancia colectiva

Desde 1927, cuando se fundó la Federación Nacional de Cafeteros, el cultivo del grano se convirtió en una actividad relevante para los cultivadores y para el país en general.

Pocos productos agropecuarios legales lograron mejorar substancialmente las condiciones de vida de sus productores. El café era una promesa y una ilusión para las familias campesinas que se dedicaban al cultivo.

Muchas de las familias de Caldas, Risaralda y Quindío lograron educar a los hijos con los ingresos que les otorgaba el cultivo del grano. En ese entonces, eran los productores quienes imponían las condiciones del precio internacional.

Después de roto el Pacto Internacional de precios, el margen de ganancia para los cultivadores quedó en manos de las grandes multinacionales tostadoras. Hoy, son los compradores y distribuidores quienes fijan los precios a su favor, en contra de los intereses campesinos.

Al disminuirse el ingreso, el cultivo del café deja de ser relevante y el campesino busca otras alternativas o vende sus tierras.

3 La Federación perdió poder negociador con el gobierno

Pertenecer al Comité de Cafeteros en las regiones era considerado un privilegio y un honor. La Federación era una entidad respetada por su solidez moral y porque, perteneciendo al sector privado, era considerada como una especie de ministerio paralelo a los ministerios del gobierno.

La Federación participaba activamente en la formulación de políticas económicas, tanto aquellas que afectaban directamente al agro, como las que no. Fue representante del sector privado en el Consejo de Política Económica Social entre 1974 y 2009. Era una entidad consultiva en la que trabajaban economistas, investigadores y agrónomos con un alto reconocimiento nacional e internacional.

Sus dirigentes eran elegidos por un sistema transparente y democrático, sin mayores interferencias por parte del gobierno de turno.

Hoy en día la entidad se encuentra politizada. El gobierno pasado intervino en el nombramiento de los dos últimos Gerentes Generales. De ser un jugador importante que aportaba a la toma de decisiones económicas, pasó a convertirse en el objetivo de los ataques por parte de los cafeteros que no se sienten representados en el gremio y ven vulnerados sus intereses debido a que la entidad respalda sin cuestionar las políticas adoptadas por el gobierno.

4 Se perdió la conciencia de clase

Uno de los fundadores de la Federación, Alfredo Cortázar Toledo, en el aniversario 40 de la fundación de la Federación, afirmó que “la función más importante del año 1928 fue crear en el país la conciencia de clase. La inscripción de federados se inició con los nombres de Ospina Vásquez y Cortázar Toledo para mostrar la importancia de la agrupación”.

Se trataba de crear una clase nueva de campesinos cultivadores de café que tuvieran condiciones de vida dignas. Por esa razón, la Federación realizó compañas de salud, de mejoramiento de viviendas, de mejoramiento de infraestructura, construyó escuelas rurales, entre muchas otras obras.

En los últimos años, esas políticas de la Federación se vieron afectadas por los recortes presupuestales y los caficultores dejaron de ser una clase distinta de campesinos para entrar a engrosar la pobrería del campesinado colombiano.

5 Se bajó el perfil de los líderes cafeteros

Tanto los fundadores de la Federación Nacional de Cafeteros en 1927 como los nueve gerentes generales que tuvo hasta 2009, fueron personas de reconocida influencia y poder político.

La FNC solo ha tenido diez gerentes, algunos de los más influyentes se mencionan a continuación: Mariano Ospina Pérez, Presidente de la República en 1946; Manuel Mejía Jaramillo, conocido como Mister Coffee, nombrado Embajador en Brasil en 1957, murió al año siguiente; Arturo Gómez Jaramillo, conocido como el “zar del café” quien estuvo al frente de la Federación por 30 años; Jorge Cárdenas Gutiérrez, estuvo en el cargo por 18 años; recientemente, en 2009, Gabriel Silva Luján, fue nombrado Ministro de Defensa y embajador en Estados Unidos.

A partir de Miguel Silva, el gobierno de turno empezó a influir en los nombramientos de los líderes del gremio. Estratégicamente para los gobiernos resulta conveniente tener como gerente del gremio a un representante de bajo perfil y a quien se pueda orientar. Para el gremio, en cambio, es mucho más conveniente contar con un líder fuerte y representativo que defienda los intereses de los caficultores.

6 El relato público perdió legitimidad

La Federación de Cafeteros contaba con un sistema discursivo sólido que justificaba y legitimaba la autoridad que tenía sobre la comunidad de cultivadores. Dicho discurso se ha venido desvirtuando debido al vocabulario que se utiliza, las proposiciones teóricas pasaron de certezas y evidencias a explicaciones poco sólidas de hechos, éxitos y fracasos.

El caficultor se sentía representado en un universo simbólico caracterizado por un personaje que vendía la imagen del cultivador exitoso en el exterior, pero que estaba soportado en el ámbito nacional por los adelantos científicos de Cenicafé y los análisis económicos de los funcionarios de la organización.

Hoy, al vaivén de las decisiones políticas, no encuentra soporte en las declaraciones oficiales que privilegian las condiciones del mercado externo, manejado por las grandes multinacionales tostadoras, y dejan al productor a su suerte.

7 Inseguridad frente a lo que la organización es capaz de hacer

La anterior certeza sobre la capacidad de la Federación para solucionar dificultades y apoyar al caficultor, fue cambiada por una tremenda inseguridad frente a las posibilidades de acción institucional.

Al perder control sobre el manejo de los recursos que anteriormente alimentaban el Fondo Nacional Cafetero, al perder el liderazgo y su participación en el ámbito nacional, al perder fuerza el relato que lo soportaba, los cafeteros perdieron también la seguridad que les daba la organización y la confianza que tenían en ella.

La Federación se quedó impotente, sin recursos suficientes para enfrentar las coyunturas de precios. Dejó de mejorar las condiciones de infraestructura física de los territorios dedicados a la caficultura, de apoyar el crecimiento personal de los campesinos dedicados al cultivo.

De ser un ejemplo digno de imitar como institución de apoyo a un sector productivo, estos siete pecados están llevando al gremio cafetero a perder su caracter institucional.

Image courtesy of Jeroen van Oostrom at FreeDigitalPhotos.net.